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Dedicatoria y cita en "Demon Torithanatos"

Demon Torithanatos Para la gente del grupo “Asómate” de la parroquia de Santo Toribio de Valladolid. A los que estuvieron. A los que e...

jueves, 1 de marzo de 2018

Capítulo XIV. Libro III (y último, de momento)


Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X 
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII

Hadallúa eliminó sistemáticamente a todos los hechiceros de Demon, mientras los magos geanos hacían lo propio con los ejércitos convencionales. Gea era un plano donde la magia se tomaba muy en serio, y donde toda la población se implicaba cuando había problemas. Lo habían demostrado en Geia, y ahora ante Demon estuvieron a la altura.
Millones de geanos se desplazaron a los planos de su CM, allí donde fueron llamados, y lucharon junto a los habitantes autóctonos como si fuera su propio plano el que estaba en peligro. Tres planos fueron los rescatados, pero ninguna queja salió de boca alguna.
–Bueno, espero que esto acabe pronto, pobres –se lamentó Asamaie La Bella al contemplar cómo los refugiados regresaban a sus destrozados hogares.
–Aquí estaremos para enfrentar al Demon si vuelve, ¿no, chicos? –alentó Carlgundo el Tatuado, y recibió un coro de cansadas afirmaciones.
–Pero que no sea pronto, por favor –añadió Emam A, cuya pálida piel se veía enrojecida en rostro y manos.
Sonrieron.
Tal como se movilizaron, se desmovilizaron. Decidieron destacar contingentes de un par de miles de personas por plano para encargarse de la distribución de víveres y productos de primera necesidad junto a las autoridades, en principio, antes de evaluar las necesidades subsiguientes, y volvieron a Gea.


Las guerras se prolongaban demasiado para las fuerzas con que contaban los terranos, y eso pasaba factura. Las salas de curación empezaban a estar atestadas de hechiceras cuyos hechizos habían fallado por simple agotamiento. La guerra de guerrillas, desaparecidos los hechiceros de Demon, implicó a la población autóctona, que conocían sus tierras mejor que los invasores, y estos fueron siendo poco a poco ultimados.
Pero las hechiceras eran necesarias, pues muchos de los miembros de los ejércitos de Demon ya estaban muertos antes de entrar en batalla, y solo el desmembramiento –y este no siempre– o la magia podían acabar con ellos.
Mirabella se reponía también despacio. Sin duda Demon debía de estar muy cansado, pues la mujer apenas pasó un día inconsciente tras el enfrentamiento. Recibió suaves reprimendas de todo el que la visitó en su habitación, e incluso revisiones mágicas más o menos disimuladas para comprobar que los daños no fueran invisibles.
La mayoría de los Sangrëi también pasaron por allí en un momento u otro a lo largo de tres días.
–Pensaba que la idea era no enfrentarse al Demon en solitario bajo ninguna circunstancia –increpó Furívaz con una falsa sonrisa puesta allí muy adrede cuando al fin pilló un momento a solas con la derana–. ¿Alguna otra sugerencia de suicidio?
–No estoy muerta –repuso la mujer, mosqueada–. Y rechazo el suicidio por convicción.
–¿Una pastita para celebrarlo? –replicó con expresión agria.
–Ya sé que fue una tontería, y entiendo tu preocupación, lo siento, pero... No fui yo... Es decir, sí, pero me dominó la Sangrëi –confesó, muy bajito–. Creo que Mirabella y Demon tuvieron una relación de hermandad bastante fuerte –añadió en el mismo tono.
Furívaz la observó con preocupación evidente.
–¿Hablaste con él?
–Hablamos, es decir, intercambiamos ofensas, básicamente, pero al estar frente a él... no lo odié... bueno sí, lo odié intensamente, pero solo porque veía en él a mi hermano, y a la vez a este ser que lo había asesinado, y...
–No son dos seres, es uno, el de ahora, el que hace ya milenios os traicionó y asesinó a miles de millones de seres –aseveró Furívaz con voz dura.
–Lo sé... es decir, yo lo sé, pero...
–Tú tampoco eres dos personas... –comenzó el hechicero, pero no supo continuar.
–¡Oh, sí! Puedes estar seguro de que sí, al menos dos medias personas... –aseguró la mujer, y luego, ante la inminencia de la refutación de Furívaz–. Pero la mayoría del tiempo soy yo, y la otra me ayuda en momentos indescifrables.
–¿Eres tu propia diosa? –se le escapó. Fue consciente del daño tan pronto sus palabras se formaban en su boca, sobre todo porque no había querido decirlo.
Mira sonrió, una sonrisa dolorida que le clavó en el sitio.
–La Sangrëi no es una diosa, y no creo que nunca descubra quién es en realidad. Dios está ahí, esperándonos, amándonos, sufriendo por nuestros sufrimientos. Espero que alguna vez lo entiendas, de verdad.
Furívaz se mordió la lengua para no replicar.
–Ahora tengo que dejarte. Maruh' lleva demasiado tiempo coordinando y debe descansar –se excusó–. Espero que te recuperes pronto.
–Gracias –correspondió la mujer–. Nos vemos.


A pesar de la situación, se decidió abandonar el plano. Hacía tiempo que Demon no aparecía por el Multiverso, exactamente desde su enfrentamiento con Mirabella, y parecía apropiado evaluar la estrategia y reconsiderar varios puntos, a raíz de las propias estrategias puestas en marcha por Demon.
Ante todo, abandonar el plano no significaba abandonar a la gente. En la propia estructura existían mercenarios que podían ser contratados para ayudar a los habitantes, y puesto que ya no había magias en conflicto, parecía una solución proporcionada. Hadallúa se encargó de eliminar los últimos rastros de la magia de Demon, por lo que las tropas enemigas se vieron reducidas a la mitad en unas pocas horas.
Todos los terranos regresarían a Terra antes de reasignar posiciones. Los Sangrëi harían de enlaces entre los diferentes CE.
Khristphunch se vio al fin liberada del servicio en Dera, donde había acabado con la mayoría de los zombis e infectados que pululaban por la universidad y la ciudad adyacente, y volvía feliz junto a Armoj y Argetelio. Incluso echaba de menos a su cari, aunque había permitido aquella separación sin decir nada. Bueno, ya se lo haría pagar.
En pocos días la Asamblea Hechicera de Terra volvió a reunirse casi al completo –excepto las diez bajas caídas en los diferentes planos asolados– para reevaluar su compromiso y sobre todo para multiplicar sus esfuerzos a la hora de formar nuevas hechiceras, que con certeza iban a ser necesarias.


En la Escuela de Alta Magia la Hermandad Sangrëi celebraba un Cónclave. Los once, sin nadie más, decisión largamente meditada y finalmente aceptada por unanimidad.
–Nunca nos atrevimos a imaginar que Demon demostrara tanto poder. Hemos sido cobardes –comenzó el Archimago.
–Nos hemos mantenido unidos para este día –cuestionó el ser casi vegetal.
–Y no hemos podido detenerlo –señaló Hadallúa.
–Los habitantes del Multiverso son valientes, pero débiles –acusó un cuarto.
–Durante cientos de años hemos educado a los mejores, ya conocíamos sus limitaciones –rebatió un quinto.
–Nuestros aprendices han derrotado mucho más fácilmente a los ejércitos de Demon que las hechiceras de Geia y sus CE –puntualizó otra. Y era verdad, en los planos más cercanos a la Escuela de Alta Magia, los planos invadidos por Demon fueron fácilmente recuperados por los magos aprobados en dicha Escuela, que acudieron de los trescientos planos donde llegaba el poder del Archimago.
–Venus falló, su Orden de Caballería invulnerable a la magia ya no existe –acusó una séptima.
–Sin embargo, Demon huyó ante su presencia, que nadie crea que fue porque Pavla amplificase su poder –apostilló otra voz diferente a las anteriores.
–Debilitada, sigue siendo invulnerable a su poder –manifestó una novena.
–Demon fue derrotado por Mirabella –certificó el décimo–. Sigue sin recordar.
–Los geianos de Pavla no son lo suficientemente fuertes, ¿lo serán? –habló el undécimo y último.
El Archimago los miró en silencio durante largo rato.
–Hemos eludido la cuestión principal. Que no se repita –advirtió.
–Demon es más fuerte que nunca.
–Puede actuar a voluntad en cualquier lugar del Multiverso.
–Defender a las criaturas del Multiverso nos debilita. Nos realiza.
–Las criaturas del Multiverso no pueden defenderse solas de Demon.
–Las criaturas del Multiverso deben aprender a defenderse solas de las criaturas de Demon.
–Demon Torithánatos es nuestro enemigo. Fue nuestro Hermano. Nosotros le aislamos fuera. Nostros debemos buscarle allí.
Un larguísimo silencio sucedió a aquella aseveración.
–No podemos abandonar a las criaturas del Multiverso. A nuestros Hermanos y Hermanas inmóviles.
Otro silencio, denso y acomplejado.
–Cobardía. Debemos separarnos. Unos a buscar, otros a proteger.
–Unos a buscar. Otros a proteger.
–Unos a buscar. Otros a proteger.
La segunda ronda finalizó.
El Archimago parecía derrotado.
–Unos a buscar. Otros a proteger –habló finalemente.
La tercera ronda fue rápida, sin disidencias.
–¿Contaremos con Venus, Pavla y Mirabella? –interrogó, iniciando la cuarta ronda de palabras.
Nueve escuetas afirmaciones seguidas.
–¿Creéis que podríamos no contar con ellas? –preguntó la undécima voz.

Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X 
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII

martes, 20 de febrero de 2018

Capítulo XIII. Libro III (y último, por el momento)


Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X 
Capítulo XI
Capítulo XII
Los equipos de magia concertada fueron destinados a quince planos diferentes, desde donde podían explorar siempre tres CM a la vez; si se coordinaban bien, desde el plano base podrían entre todos revisar a fondo todas las CM en solo una semana, al menos en esa tercera estructura, y con la ayuda ocasional de los Sangrëi que pasaran por allí.
Furívaz no llegaba a comprender del todo los mecanismos de exclusión; los geianos, al estar su plano desolado, podían pasar a cualquier CM, siempre y cuando no se abrieran portales a la vez, y el resto, los terranos y él, por no pertenecer a aquella CM, al parecer ni siquiera tenían esa restricción, ya que existían solapamientos con otros planos asolados que permitían el paso en aquellas regiones alejadas. No intentó entenderlo. Si podía pasar, lo hacía, y si no, esperaba a que pudiera hacerlo.
Así llevaban tiempo y parecía que funcionaba.
La propia Venus acudió al plano base para avisarlos. Furívaz llamó a todos los equipos de magia concertada a los que tenía acceso y la siguió. Un solo salto necesitaron para entrar en guerra.
Txutxi se acercó a él, sangrando por varias heridas, antes incluso de que pudiera calibrar la situación.
–¡Hemos intentado aislar los principales enclaves, pero de momento es imposible! –gritó, y abrió inmediatamente una puerta que lo llevó junto a su equipo.
Furívaz ni siquiera intentó detenerlo. Venus se hallaba junto a Pavla, que se doblaba por la cintura, tratando de respirar. Corrió hacia ellas. Lùar y los demás se situaron alrededor, en posición defensiva.
–¿Qué está pasando aquí? –inquirió a la geiana.
La joven se incorporó con dificultad.
–Venus y yo hemos rechazado a Demon, por decir algo. En realidad simplemente abrió las puertas para que pasaran sus ejércitos y se retiró –explicó la joven–.
Furívaz entendía que algo más debía esconderse tras aquella explicación.
–¿Qué tipo de tropas son?
–Ese es el problema. Hay magos entre ellos. Y son poderosos.
Furívaz hizo un gesto elocuente.
–No , no tanto como nosotras. Lo malo es que si queremos combatirlos selectivamente, tendríamos que localizarlos, y eso sí escapa a nuestras habilidades. Podríamos matar a la mitad de nuestras hechiceras antes de aprender a distinguirlas de ellos. Por eso os hemos llamado. Cualquiera de las otras Sangrëi podrían hacerlo con facilidad, pero al parecer este no es el único ataque.
–¿Cómo puede...?
–No es él, son sus ejércitos. Abre las puertas y se va, pero debemos permanecer cerca porque de vez en cuando aparece, de manera bastante aleatoria. Esto hace que pueda atacar varios planos a la vez, pero incluso él tiene que descansar. Por lo que sabemos, ahora hay doce planos en diferentes CM a los que está atacando, ninguno de ellos Sangrëi, y te puedo asegurar que él no está en este momento en el Multiverso, pero en la última hora ha entrado cinco veces, el pavo, todas fulminantes, solo él, eso sí, desde planos que están en diferentes estructuras de distintas CM.
–¿Pero cómo?
–En los planos Antagónicos no hay estructuras, porque no hay diferencias. Puede recorrerlos todos de un extremo a otro, ¡así! –se ayudó de un gesto súbito con los dedos–, sin necesidad de gastar energías. Entrar en el Multiverso es otra cosa, claro, ahí si gasta, así que no creo que vaya a aguantar mucho.
–Quiere infligir todo el daño que pueda a la vez, sin que los Sangrëi podáis ayudaros entre vosotros –coligió Furívaz–. De acuerdo, ¿qué podemos hacer aquí?
–Hay puertas abiertas por todo el planeta, así que poco, de momento. Vamos a ir a buscar más equipos, pero mientras haced lo que sea necesario para mantener a la mayoría de la población a salvo, por favor. ¡Y cuidado con sus armas! Aparte de la magia, utilizan un armamento mucho más evolucionado que el de Terra y están perfectamente entrenados en su manejo.
Aquello no sonaba precisamente alentador.
–¿Tenéis un mapa del planeta? Sería conveniente conocer los enclaves de población más importantes y actuar allí.
–Sí, te llevaré hasta el centro de mando provisional, allí ya están reunidas algunas hechiceras de Terra, pero ten en cuenta que este plano es preindustrial, y la población es escasa, poco concentrada y sin posibilidades de vencer ante el armamento al que se enfrentan. Y su magia es muy pobre, encima. Pa flipar, ¿eh?
Pavla les cogió de la mano y simplemente dio paso. Todos se trasladaron a otro punto.
Maruh' discutía con Txutxi.
–Lo primero es la población –decía la terrana.
–¡Por eso mismo! ¡Si conseguimos hacer una barrera aquí, la población estará segura dentro! –gritaba el geiano.
–Estoy de acuerdo, pero no sé cómo...
–¡Mira, aquí llega Furívaz! ¿A que si cortamos por aquí y por aquí esto queda a salvo?
Furívaz no había analizado aún el mapa que el otro señalaba –y nosotros ni siquiera lo vamos a ver– así que no pudo dar una respuesta inmediata. Debemos creer que entendió algo cuando, tras meditarlo un par de minutos, asintió.
–¿Cuántos hechiceros tienen allí?
–¿Y qué más da? Nosotros podemos amplificar la magia tanto como queramos, así que vamos, que aquí perdemos el tiempo –apremió.
Furívaz trató de buscar buenas razones para negarse, y las encontró –no conocían al enemigo, ni el terreno, ni la animosidad de los propios habitantes del lugar, ni siquiera sabía con cuántos equipos contaban en realidad ni la potencia de estos–. Pero esas razones seguirían estando allí dentro de una hora, y de dos, mientras que la población estaba siendo diezmada en ese instante.
–De acuerdo. Pero no quiero héroes. Necesitamos treinta equipos, ¿los tenemos? Bien. Más diez de reserva para irse turnando cada media hora, ¿es posible? Bien. Cada equipo controlará un kilómetro lineal aquí, que el terreno es llano, es decir, quinientos metros a la derecha y quinientos a la izquierda. Lo intentaremos una vez. Si vemos que son demasiado fuertes, inmediatamente, y repito, inmediatamente volvemos aquí y colocamos una línea más retrasada, aquí –señaló en el mapa justo la frontera de una ciudad–. ¿Cuánto tiempo tardarán los equipos en estar listos?
Al parecer ya lo estaban. Y más. Maruh' había llegado con casi ese número, y otros jefes de equipo habían traido otros tantos. De esta forma, decidieron repetir simultáneamente la estrategia en los dos puntos del mapa que indicaban una mayor concentración de habitantes.
Abrieron puertas y saltaron.


Afirmar que era un armamento superior al de Terra era quedarse cortos. ¡Si parecía sacado de una película de ciencia-ficción! Equipos rastreadores autónomos con potencia para volatilizar una ciudad, naves voladoras que disparaban rayos de colores y campos de fuerza que protegían a los ejércitos mientras avanzaban.
Aquello había aterrorizado a los habitantes del plano, como no podía ser menos, pero las hechiceras se enfrentaban a otros problemas.
La electrónica fue rápidamente neutralizada a lo largo de la línea de defensa implantada por los equipos de magia concertada, de modo que los campos de fuerza se desconectaron, los rayos quedaron impotentes en las armas inútiles y las naves cayeron a pique sobre sus propios ejércitos. Lo malo fue que la electrónica no era su enemigo. Los magos de Demon los atacaron desde detrás de las líneas enemigas.
–¿Qué magia es esta? –se quejó una joven hechicera terrana mientras repelía por poco un ataque que mezclaba de manera repugnante lo orgánico y lo mineral.
–¡Dadme magia! ¡Magia! –reclamaba Txutxi, que recogía los hechizos de su equipo y los lanzaba cien veces potenciados contra los hechiceros.
–¡Tomad hachas! ¡Hachas! –gritaba L'ydi, que transfiguraba su pequeña magia en armas muy sólidas que Thied multiplicaba y que caían en forma de lluvia sobre los ejércitos de muertos.
Contra los magos de Demon se utilizaba otro tipo de magia más sutil, aplicada por las hechiceras más consagradas. Aunque hubieran podido lanzar fuertes sortilegios directamente letales por su capacidad de destrucción, este tipo de encantamientos utilizaba demasiada energía, y no podían prever la duración de la batalla, así que optaron por otra estrategia. Utilizaron magia de paralización, lo que no significa que no fuera mortal. Diez minutos parado el corazón, y el cerebro moría sin remedio. Los hechiceros de Demon empezaron a caer–en todo caso, no tardaban en levantarse de nuevo, ya sin magia, como simples zombis–, pero algunos consiguieron repeler los ataques y volvían a cargar con nuevos hechizos.
Pero los equipos ya estaban preparados para tal eventualidad. De las tres hechiceras, dos se dedicaban a atacar por medio del potenciador pavliano, y una de ellas protegía constantemente al equipo. Cuando se cansaban un nuevo equipo les relevaba.
Así pasaron horas, en unas peligrosas tablas que no conducían a nada.
–¡Puedo coger su magia y utilizarla contra ellos! –gritó de pronto Thieg, jubiloso, mientras la magia repugnante de los hechiceros de Demon pasaba a su través y se volvía contra quienes la lanzaban, y esta vez no se volvían a levantar, pues sus cuerpos quedaban totalmente destrozados. Aquello terminó de desesperarlos, pues los pocos hechiceros que quedaban abandonaron a sus tropas y desaparecieron. Fue cuestión de poco tiempo acabar con ellos.
–¿Cómo lo has hecho? –preguntó L'ydi a su compañero cuando todo hubo acabado, apretándole en un fuerte abrazo.
–¡Yo qué sé, ja, ja jajaja! Simplemente me di cuenta de que podía controlar esa magia, y de que su intencionalidad era muy simple: matar. Pero no era demasiado específica en cuanto al objetivo, así que pude devolvérsela potenciada.
Todos le felicitaron, empezando por Lùar y el propio Furívaz. Pero la celebración duró poco. Regresaron al centro de mando a ver cómo les había ido al resto. En la otra línea se habían producido varias bajas, pero también se había vencido.
–Aún nos quedan muchas batallas que librar –dijo Maruh', la mirada fija en el plano.


La llegada de Mirabella fue recibida con sorpresa y regocijo. La mujer había recibido la alarma tres días antes, pero en el camino se vio obligada a detenerse en otro plano para ayudar a Hadallúa y a otra Sangrëi que se enfrentaban a una situación similar. Ellas podían localizar y eliminar a los magos de Demon, pero no era fácil, y acabaron agotadas. Así y todo, rehusaron retenerla por más tiempo y la incitaron a seguir su camino. La seguirían tan pronto pudiesen, aunque no era recomendable acumular tantos Sangrëi en un solo frente, adujeron.
Así que Mirabella llegó cuando las batallas eran más duras. Los magos de Demon habían aprendido a ser más precisos a la hora de utilizar sus hechizos, pero los equipos concertados funcionaban mucho mejor, y pocas veces las defensas flaqueaban. Venus y Pavla habían mandado más hechiceras de refuerzo, pero ellas mismas no habían regresado, reponiéndose de su agotamiento en sus propios planos.
Las batallas se ganaban, pero los ejércitos de Demon eran innumerables. Si al principio se habían concentrado en los enclaves más poblados, ahora se diversificaron en pequeñas unidades que asolaban cualquier tipo de población. Maruh', junto a las autoridades de los diferentes puntos del planeta, trataba de organizar líneas seguras para evacuar a la población hacia las ciudades, cuya defensa resultaba más fácil con los escasos medios de que disponían, pero todo iba demasiado lento y a menudo estos refugiados eran sorprendidos por tropas de monstruos que los diezmaban en poco tiempo, a pesar de los intentos de protección de las hechiceras.
Los equipos de reserva dormían lo que podían antes de volver a lanzarse a la acción, pero era evidente que la falta de sueño ya se acumulaba.
Mirabella observó el mapa en el centro de mando. Furívaz estaba allí, descansando de la última batalla, tendido sobre una tumbona y prácticamente vestido.
–¿Creéis que tienen un centro de actividades? –preguntó simplemente la Sangrëi.
Con Demon nunca se sabía, pero era bastante probable que existiera algo parecido, al menos entre los magos. Aunque también podían haber programado el ataque desde fuera, y luego dejar a los ejércitos a su albur. Todo tenía un carácter más experimental que definitivo.
–Si existe, no lo hemos encontrado –respondió Maruh' a la pregunta de derana.
–Allí donde haya una mayor concentración de magia de Demon, allí estará –sugirió Furívaz– Es lo único que se me ocurre, si es que puedes rastrear esas cosas. Porque desde luego no ha utilizado magia de sangre.
Mirabella asintió con naturalidad. Después cerró los ojos, concentrada, y unos segundos después desapareció.


Tan pronto como llegaron, Thieg, Kush y Henma fueron asignadas al puesto de mando. Habían llegado sin pavliano, ya que Kazrine permaneció en Djerra para formar equipo con Venus, y por lo tanto no formaban un equipo. En esas circunstancias, resultaba impensable enviarlos a las líneas. Por otro lado, Maruh' necesitaba ayudantes, así que inmediatamente les encomendó la tarea de analizar los movimientos del enemigo a ver si descubrían algún patrón o fisura.
Aparte de constatar la formación de pequeños grupos, renunciando a las grandes batallas, no parecía que tuvieran más estrategias. Descubrieron, eso sí, que los hechiceros no participaban en estos pequeños grupos. Parecían haber desaparecido del plano.
–¡Que se vayan al infierno! –profirió Thieg.
Tenía toda la razón.


Supo que no era una trampa porque era imposible. Un segundo antes, él no estaba en el Multiverso, así que ni él ni nadie podía saber lo que ella estaba a punto de hacer. Debía ser, sin duda, casualidad, si es que eso existía realmente.
Se le veía cansado, por debajo de la sorpresa y de esa pose de tenerlo todo controlado.
La mitad de los magos que había detectado ya habían pasado al otro lado cuando ambos se recuperaron de lo imprevisto del encuentro.
–Mirabella, querida, ¿vienes a regalarme más sangre? –se burló Demon.
Su verdadera forma no le resultó ajena a la mujer. O, más seguramente, a la Sangrëi. Después de tanto tiempo desde la última vez, Mirabella lo reconoció al instante, y se sorprendió al sentirse embargada por la desdicha, porque reconocía en ella, no la repulsión ante aquel ser pervertido y sádico que tenía delante, que le había arrebatado la sangre y la había utilizado para la aniquilación, que había asesinado a sus hermanas y hermanos, que había huido ante ella dejando tras de sí sus ejércitos destructivos; reconocía sobre todo la lástima al ver en qué se había convertido el hermano maravilloso con el que había descubierto el Multiverso y sus misterios muchos eones atrás.
–¿Nostálgica a estas alturas? –adivinó Demon, y rio con una risa deleznable, que deshacía el pasado y lo transmutaba en una sustancia pecaminosa, algo pegajoso y corrosivo de lo que huir.
–¿No piensas detenerte? –ensayó, porque esa era su esencia, aunque no existiera el más mínimo fundamento en su esperanza.
–¿Detenerme? Mirabella, aún no he empezado –aseguró, y esta vez ni siquiera sonrió, su expresión de completa seguridad venció al cansancio y convirtió su rostro en arquetipo del orgullo y la venganza–. Supongo que tampoco esta vez querrás acompañarme –sugirió, extendiendo un poco la zarpa.
Mira no pudo evitar que su poder se desencadenase hacia su antiguo hermano.
Los hechiceros que aún no habían cruzado la puerta cayeron al suelo, eliminado de sus cuerpos el poder maléfico que los mantenía en pie, en una existencia retorcida que parodiaba a la vida. Demon retiró inmediatamente el brazo y dio un salto hacia la puerta, impulsándose con las alas correosas, al tiempo que lanzaba su propio poder contra Mirabella.
Luego la puerta se cerró, y la Sangrëi yacía en el suelo.
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X 
Capítulo XI
Capítulo XII

martes, 13 de febrero de 2018

Capítulo XII. Libro III (y último, por el momento)


Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X 
Capítulo XI

Los meses siguientes tuvieron ocupadas a todas las hechiceras conocidas del Multiverso. De los cerca de setecientos geianos que sí poseían el don pavleano, el cien por cien se sumó al plan. No eran suficientes ni de lejos para situarse en cada uno de los planos de una CM, pero sí para cubrir los planos Sangrëi y todos los puntos de enlace de estructuras y puertas entre las diferentes CM, teniendo en cuenta el estado de deterioro de estas.
Así, tres hechiceras más un geiano constituían un equipo base, una fuerza que estuvo entrenándose siguiendo las indicaciones de L'ydi y Thieg, cuya compenetración era ahora total en el campo de la magia concertada; no eran los más fuertes, pero sí los que más habían evolucionado, por lo que dirigieron al resto con gran eficacia. Una vez terminado el entrenamiento, los equipos se dirigieron a diferentes planos de las CM geiana, geana y terrana, y desde allí vigilaron las alteraciones que podían producirse en otras CM.
Junto a esto, los Sangrëi de la Escuela de Alta Magia abandonaron esta y se dedicaron a tratar de convencer del peligro a sus Hermanas y Hermanos. Se movían rápidamente entre los planos Sangrëi de las distintas CM, de modo que casi cada día habían recorrido todas ellas entre todos, y así podían estar seguros de que Demon no llevaba demasiado tiempo en ninguna, o, dicho de otra manera, si comenzara una invasión, en menos de un par de días sería descubierto y se podría acudir en ayuda del plano atacado.
Era un plan claramente defensivo, y hubo algún encuentro difícil, pues Demon no se quedó en sus planos, sino que efectivamente atacó en varios lugares. Panteón lo detuvo con grandes problemas a pesar de contar con dos geianos, y solo la llegada de otra Sangrëi consiguió que no fuera finalmente derrotado; para hacer huir a Demon se necesitó la ayuda adicional de Venus y Pavla.
Tal y como habían sospechado, Demon cesó de atacar directamente planos Sangrëi la tercera vez que se vio obligado a huir, esta vez frente a Mirabella y Hadallúa, cuyos poderes conjuntos le infligieron un verdadero daño.
En lugar de aquello, empezó a actuar sobre planos, aparentemente al azar, por todas las CM.
Tres veces los equipos de hechiceras y geanos trataron de enfrentarse a él antes de que llegaran los Sangrëi, y tres veces fueron aniquilados. La alarma había concentrado entre ocho y quince equipos de magia concertada sobre los planos asaltados, pero ni siquiera aquella potencia conjunta había detenido al Demon. Los planos atacados también sufrieron grandes deterioros, pues la red de alarma era necesariamente más lenta; no podía atravesar todas las CM, y debían esperar a que un Sangrëi cruzara por una de las accesibles a ellos para hacerle llegar la alarma, por lo que los equipos decidieron actuar viendo la virulencia de los ataques y perecieron sin remedio.
A partir de ese momento, se pidió encarecidamente a los equipos de magia concertada abstenerse de enfrentarse a Demon sin la presencia de los Sangrëi.
–Debemos recordar que somos alarmas, no guerreros –expuso Furívaz en la siguiente reunión de su zona. Le había tocado coordinar unos trescientos planos de la tercera estructura de la CM geiana, conectados con varias CM diferentes, y con él estaban muchas de sus conocidas de Terra y Geia–. Y somos caducos. Aunque suene duro, las hechiceras podemos ser renovadas, pero los geianos no. Cada pérdida es definitiva.
–¿Entonces nos quedamos mirando hasta que llegue un Sangrëi? –respondió Txutxi, no demasiado dispuesto a acatar aquella "sugerencia".
–Si no quieres que tus compañeros mueran contigo, sí, eso es exactamente lo que te pido que hagas –manifestó Furívaz.
–Pues no pienso hacerlo.
No era la primera vez que esta conversación tenía lugar. Txutxi no había tenido la oportunidad de acercarse a ningún plano atacado, pero tenía muy claro que no se iba a quedar mirando la masacre desde lejos, llegado el caso. Sin embargo, las palabras del maduro djerrano nunca habían ido más allá, por la sencilla razón de que todas y cada una de las hechiceras y geianos opinaban lo mismo que el joven.
–Pues esperemos que ese bastardo no nos ataque, porque vamos a morir –sentenció Furívaz–. Id a cumplir con vuestra obligación –añadió, y se fue sin más.


Echaba de menos a Argrimor. Era cierto, debía reconocerlo. No volver a ser Argrimor, exactamente. Una parte de él añoraba la seguridad del caballero, el momento en que se lanzaba contra el enemigo, fueran cuales fueran las fuerzas de este, con la total seguridad de que aquello era su vida, y de que el resultado no importaba. No era una opción entre la vida y la muerte, porque ambas eran inseparables.
Y, sin embargo, desde entonces creía haber aprendido que ese razonamiento contenía una falacia. Inseparables sí, pero no iguales, no igualmente validas. La vida importaba, era compleja, plena de matices, dolor y alegría; sí, la muerte estaba ahí de manera permanente, pero no por ello tenía la misma cualidad que la vida. Era una certeza, había que aceptarla, pero no por ello era algo a desear o a lo que darle la misma categoría que la vida. Para Argrimor la vida era colocar unos valores preconcebidos por encima de todo y la lucha contra enemigos a quienes subyugar o aniquilar, si amenazaban aquello que debía proteger. Para Furívaz la vida era algo que explorar, junto a otros que también exploraban y con los que construir permanentemente, buscando los puntos de unión que potenciasen a todos lo mejor posible.
Ante Demon Torithánatos, era Argrimor el que daba las respuestas que parecían más apropiadas. Pero no debía engañarse. Demon estaba más allá incluso de Argrimor. Las respuestas de este podían parecer certeras, pero incluso aunque lo fueran, resultaban inaccesibles para cualquier criatura que no fuera un Sangrëi. Pensar otra cosa solo conducía a la deshumanización.
–Somos lo que somos, pero debemos aprenderlo –se dijo.
Buscó a su equipo. Thieg y L'ydi ya estaban preparados, y pronto se sumó a ellos Lùar, con cara de acabar de levantarse. Cruzaron los portales y se dirigieron hacia el plano estratégico desde el que vigilar la CM.


Kush, Thieg y Henma vigilaban Djerra junto a Kazrine, a la que Venus había separado de sus amigos para transportarla hasta su propio plano como geana del equipo de magia concertada. En realidad no es que vigilaran gran cosa, simplemente se dedicaban a las mismas tareas que les habían llevado allí y en las que estaban sumidas a tiempo casi completo –casi, pues debían reservar, eso sí, cerca de una hora para las prácticas de equipo–.
Además de consolidar una fuerte red interespecies, en la que varias mujeres empezaban a destacar por valor propio, los investigadores de la Memoria Histórica habían reunido una ingente cantidad de pruebas y documentos orales, pudiendo reconstruir una buena parte de lo ocurrido en bastantes zonas de Djerra, y ya empezaban a preparar tribunales populares para juzgar los hechos. Las hechiceras intentaban intervenir lo menos posible en estos preliminares, ejerciendo un papel de observadoras imparciales, actitud que los djerranos apreciaban.
Por otro lado, y al margen del mandato que las había llevado hasta allí, varias de las pobladoras del plano les habían solicitado instrucción mágica, a lo que las hechiceras habían accedido. Ber Ainh' fue la primera, y pronto cuatro más, de diferentes especies, se entrenaban un par de horas diarias en las artes de la magia, aunque solo tres veces a la semana lo hacían bajo supervisión de una de las tres hechiceras.
–Pues yo me apunto –decidió Kazrine cuando se enteró, ya que, aparte de comer y dormir, tenía muchas horas libres después de ensayar la magia de equipo.
Así que se sumó a estos entrenamientos, organizando otro equipo paralelo, mucho más titubeante, pero cuyas magias eran muy diferentes; la cálida, flexible, sutil y sin embargo sólida de Ber Ainh', la salvaje e inesperada de la licántropa Grr –no era su verdadero nombre, pero la geiana fue incapaz de comprender el real–, la metódica y predecible de la gnoma Kuadrado –apodo que Kazrine se cuidaba muy mucho de expresar en público–, la más pesada y sin aristas del troll Piedra, y la aparentenente incomprensible del elfo Brisa, que bebía de fuentes inaccesibles para la razón de Kazrine, aunque su instinto sabía reconocerlas, dirigirlas y potenciarlas tan fácilmente como a las demás.
La muchacha estaba aprendiendo mucho, no solo de las magias que ella misma no tenía, sino también de las formas de vida de aquellos pueblos.
–Ayer fui con Piedra a los montes para buscar rocas para su familia. Parese que las rocas de esos montes les encantan, y ahora que no están en guerra con los gnomos, aprovechó para coger un montón –le explicaba a Ber Ainh' mientras exploraba el bosque rojo para recolectar los frutos comestibles y aprender a evitar los perjudiciales. Brisa, que las acompañaba, se había plantado en un claro, se había desnudado con los brazos extendidos y estaba "bebiendo sol", según sus palabras.
–Sí, las especies empiezan a respetarse. Incluso los licántropos, o al menos la mayoría, han dejado de devorar gnomos y ahora solo comen animales de granja que ellos mismos crían estabulados –informó Ber, que siempre tenía alguna nueva información interesante y pertinente que aportar.
Kazrine anotó la información en su cabeza y se dedicó a coger frutos.
–¿Dijiste que este era comestible? –señaló un gran fruto listado en amarillo y negro.
–¡Oh, Kazrine! –Ber cogió con delicadeza la mano de la geiana y la alejó despacio del fruto–. Es probablemente el más venenoso del bosque, solo con rozarlo ibas a tener picores durante muchos días, lo sé por experiencia –aseguró.
–Ah.
Brisa, saciado de sol, se acercó a las dos compañeras.
–¿No es aquella Venus? Y no viene sola.
Ambas jóvenes siguieron la dirección de su mirada y la enfocaron sobre una figura que se acercaba entre la vegetación. Era Venus, sin duda, acompañada por Grr. No solían encontrarla a menudo vagabundeando como antes de aquí a allá, pues solía abandonar Djerra durante horas para recorrer otros planos Sangrëi cercanos. Se la notaba cansada, más delgada de lo habitual.
Los tres sabían que no hacía mucho se había enfrentado a Demon y lo había derrotado con la ayuda de Pavla, que amplificó su poder y así lo rechazaron. El plano no había sido asolado, aunque los ejércitos de monstruos zombis que no escaparon con Demon aún no habían sido aniquilados por completo, y de vez en cuando pasaban por Djerra grupos de hechiceras yendo y viniendo de allí para ayudar a la población a combatirlos.
Eran guerras de escasa intensidad pero de larga duración las que se sufrían en estos planos atacados.
La perra y la licántropa llegaron hasta ellos rápidamente. Venus se acercó y les lamió las manos y rostros cariñosamente, recibiendo sus caricias con placer.
–'iajjjjarrr –esto fue lo que sus cerebros entendieron de los sonidos guturales que Grr emitió antes de cambiar de dirección y enfilar hacia el castillo.
Venus la siguió, incitando a las otras a hacer lo mismo, así que las acompañaron.
–¿Estás bien? ¿Están todos bien? –le interrogó Kazrine, preocupada por los amigos que estaban lejos.
No obtuvo respuesta de ninguno de los dos hasta llegar al castillo. Piedra y Kuadrado ya estaban allí, con la misma expresión de desconcierto.
Kush salió por la puerta y se les unió.
–¿Qué tal? Espero que bien. Tengo que hablar con vosotras de una cosita –comenzó. A pesar de que trataba de parecer optimista, se le notaba afectada.
–¿Qué pasa? –Kazrine ya venía nerviosa, temiendo lo peor, pero la actitud de Kush había disparado todas sus alarmas.
–Es difícil, Kazrine, pero bueno, no es tan malo como piensas, al menos de momento –trató de tranquilizar, consiguiendo exactamente lo contrario.
–¿Están bien Txutxi y Thieg? ¿Le ha pasado algo a Pavla? –gritó. Ber Ainh' le apretó la mano con suavidad, pero la joven morena se soltó de inmediato–. ¡Dime qué ha pasado!
Venus ladró con fuerza y se acercó a su pierna mientras Kush trataba de reconducir la situación.
–De momento no sabemos nada, de verdad, solo que nos han llamado para que vayamos a echar una mano a Furívaz y sus equipos. Os vamos a dejar a cargo de la vigilancia de Djerra hasta nuestro regreso. No os preocupeis, es muy sencillo, porque estaremos en esta misma CM, y si apareciese Demon, lo que no va a ocurrir, Venus estará con vosotras, simplemente tendréis que formar equipo de magia con ella hasta que llegue Pavla, que está a pocos saltos de aquí.
–Pero ¿qué ha pasado? ¿Demon ha asaltado otro plano? –insistió Kazrine.
–Sí, uno que vigilaban Furívaz y sus equipos, pero Venus y Pavla han vuelto a ponerle en fuga. El problema es que el plano no estaba demasiado habitado, y los ejércitos de Demon son muy numerosos, por lo que requieren una ayuda extra. De verdad, eso es todo lo que sabemos.
–Yo voy con vosotras –dijo Kazrine con determinación.
–¿Y quedar a Venus sin amplificador de la magia? Kazrine... –señaló Brisa.
La joven bajó la cabeza, aceptando la derrota, y entró en el castillo. Se cruzó con Henma y Thieg, que salían para reunirse con Kush.
–Volveremos pronto con noticias –aseguró el joven.
Henma le dio un abrazo antes de continuar.
–No te preocupes, no dejaremos que les pase nada –aseguró.
La joven siguió adelante sin contestar.


Khristphunch se aburría en Dera. Mucho. Había decidido viajar con Mirabella porque la vez anterior no lo había visitado junto a Armoj y Argentelio, y esta vez formaría equipo con ellos, junto a una geiana a la que no conocía y que cerraba el equipo de magia concertada.
No había nada que hacer allí. Mirabella se pasaba el día fuera, recorriendo los planos CE para tratar de detectar la presencia de Demon en alguna de sus CM. De vez en cuando lo detectaba y lanzaba el mensaje al resto de los Sangrëi; como ya nunca atacaba los planos de estos, el mensaje viajaba sin respuesta. Pero entonces se quedaba esperando la alarma de los equipos de vigilancia, y una vez localizado, volvía a lanzar un mensaje con la información exacta. El Sangrëi más cercano se encaminaba entonces al rescate del plano y esperaba la llegada de refuerzos. Cuando detectaba una de estas alarmas, ella constituía los refuerzos. Esto era lo que les solía contar al anochecer, cuando volvía de una de estas misiones, mientras ellos simplemente esperaban sus señales.
Estar en un plano no Sangrëi debía ser mucho más entretenido, al menos eras tú la que tenías que pasar de plano en plano esperando alarmas o lanzándolas si habías detectado algún plano asolado, y no matabas el tiempo simplemente dando paseos y mandando zombis al otro barrio, mientras los otros tres se quedaban leyendo tranquilamente en las bibliotecas de las facultades.
–¡Ay, Zarpitas, dame un kiss de amor! –le dijo al gatito, que en esos meses había crecido bastante y ya casi había alcanzado el tamaño de su arisco padre.
El gato frotó su hocico en su cara y lanzó un zarpazo en dirección a un zombi que se había acercado demasiado.
–¡Ay, qué aburrimiento! –exclamó, y mandó al zombi al definitivo reino de los muertos bien muertos.
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X 
Capítulo XI


miércoles, 7 de febrero de 2018

Capítulo XI. Libro III (y último, por el momento)


 Prólogo
Capítulo I 

Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X
Txutxi caminaba contento, haciendo bromas a todos cuantos se hallaban a su alcance.
¿Par o impar? ¡Jaja! Reía mientras arrancaba a Armoj los pelillos del brazo por enésima vez, y luego los contaba. ¡Par! ¡Jajaja! exclamó mientras mostraba el par de pelillos en su mano extendida.
No tenía gracia. No la había tenido la primera vez, y menos ahora, cuando los pelillos de alrededor de treinta personas se esparcían por otros tantos planos. Pero Txutxi caminaba contento.
Habían decidido aprovechar un plano asolado para reunirse en él. Tras varias pruebas, al fin uno no demasiado alejado que les permitía juntarse. Hechiceras de los CE Terra, Gea y Geia, más Venus, Mirabella, Pavla, Hadallúa y el propio Archimago. También habían conseguido localizar a otros, como Nìreçaq y el Hombre de los Zapatos Rotos. Un gran Cónclave en el que decidirían las líneas generales de la lucha o la resistencia contra Demon Torithánatos.
Otro plano había caído mientras preparaban esta reunión. Quince días había necesitado Demon para asolarlo por completo. A pesar de los avisos. A pesar de que los Sangrëi habían manifestado estar dispuestos a abandonar sus propios planos para ir en ayuda de sus Hermanas y Hermanos aislados. Nada había detenido al malvado ser.
Ahora se encontraban en un plano donde otro de los Sangrëi había muerto, lo que no contribuía a aliviar tensiones y recelos. El plano era parecido a Terra, aunque se apreciaban diferencias significativas a simple vista. Muerto, era difícil averiguar los usos de algunas de las edificaciones, y tecnológicamente parecía haberse basado en la energía nuclear. No obstante, no había sido una explosión lo que lo había finiquitado. Los Sangrëi informaron de desapariciones en masa de las tres especies conscientes del plano, y el exterminio total del resto de la vida, abarcando desde las arqueas unicelulares hasta cualquier organismo pluricelular, pasando por entes como los virus o los simples priones. Cualquier molécula orgánica había sido descompuesta en sus elementos más elementales.
Por lo demás, los edificios se conservaban incorruptos, servicios como la iluminación y las aceras móviles, probablemente autónomos, seguían funcionando, conectados a sus fuentes de energía y a sus ordenadores. Pero ni un animal, ni una planta. Unos años, quizá tan solo unos meses más, y no quedaría ni siquiera oxígeno para los futuros viajeros y repobladores.
Hadallúa ejerció de improvisada receptora de los recién llegados, pues ella había recomendado el lugar, tras haberlo visitado un par de veces desde la desaparición de su gente. El Cónclave tendría lugar en un amplio recinto cubierto que disponía de artefactos móviles que podrían hacer la función de mesas y sillas.


El encuentro con Pavla fue emocionante. La chica se lanzó al encuentro de sus amigos tan pronto estos cruzaron la puerta interplanos, y los cuatro se abrazaron largamente.
¡Bueno, a ver si nos vas a pegar algo! se quejó Txutxi al cabo, fingiendo desasirse.
Recibió varias collejas, algunas a dos manos.
Te he echado mucho de menos se sinceró Thieg.
Y yo también. A ver, he conocido a mucha gente, incluso me hubiera quedado en Djerra, ya te contaré sonrió con un fondo pícaro que el joven entendió de inmediato. Pero desde que supe... bueno, todo esto, lo único que he querido ha sido reunirme con vosotros.
Kazrine la estrechó aún más y le dio un beso.
Ya nos contarás qué tal te han tratado esos dijo con la vista clavada en Hadallúa y en el Archimago.
Sí, tenemos muchas cosas de qué hablar.
Pero aquel no fue el único reencuentro. Hadallúa había servido de enlace entre el Archimago y los tres planos CE, por lo que a Venus y a Mirabella nadie las había visto en mucho tiempo, y les esperaban cálidas bienvenidas. Y otras no tan cálidas.
Venus llenó de lametones a Argentelio y a Armoj, tras lanzarse contra ellos y arrojarlos al suelo simultáneamente, lo que no resultó un espectáculo demasiado estético ni salubre.
Furívaz se entrevistó con Mirabella después de que esta pasara por los brazos de Khrist, Lùar, Emam A, Asamaie La Bella y Carlgundo el Tatuado.
¿Aún quieres ser mi aprendiz? interrogó burlón.
La mujer no sonrió.
Ambos tenemos mucho que aprender.
Furívaz la miró con intensidad.
¿Y crees que tendremos tiempo?
Hemos tenido bastante, parece dijo, y ahora sí su mirada se iluminó.
Y tú me llamabas viejo recordó la antigua conversación en Gea, cuando Furívaz le reveló su verdadera identidad como Argrimor y los años que habían pasado desde su nacimiento.
Bueno, en realidad yo me siento bastante joven confesó ella, dejando entrever la verdadera situación. Le explicó que no recordaba nada de su existencia Sangrëi, y que ni siquiera la influencia del Archimago había conseguido que eso cambiara. Sin embargo, sí era cada vez más consciente de su poder, y eso le daba mucho miedo. Sé que podría destruir este plano, cualquier plano, con solo desearlo; que mi voluntad podría modificar la estructura del Multiverso. Y eso me aterra. Porque sigo siendo yo, la profesora de Historia que huyó de un plano asolado y que perdió todo lo que quería. ¿Y si decidiera vengarme? ¿Cuántos inocentes pagarían por mis impulsos?
Furívaz no podía contestar a eso, pero recordó el tipo de poder que había expresado siempre la derana.
Si lo hicieras, sería terrible, seguramente. Al fin y al cabo, Demon lo hace comenzó, y vio en sus ojos el dolor que le habían infligido sus palabras. Pero no creo que lo hagas. No la mujer con la magia de lenguas, la mujer que con su sola presencia ahuyentó la magia oscura de una iglesia endemoniada.
Mirabella sonrió apenas, pero en su interior sintió que un peso se levantaba de su cuerpo. Sabía que Furívaz hablaba en serio, que lo creía así, y esa confianza la confortó. Por supuesto, eso no eludía la cuestión principal. Ese poder residía en ella, como se albergaba en Demon Torithánatos. Solo esperaba que pudiera controlarlo.
Se separaron con un abrazo.


El encuentro con Venus fue más tenso.
La Sangrëi seguía manifestándose mediante su avatar cánido, y así era imposible una conversación. Khristphunch le había dicho que estaba convencida de que los Sangrëi se comunicaban mediante telepatía o algo parecido, pero solo entre ellos; desde luego, la perra no le había transmitido ni un atisbo de pensamiento. Ni siquiera había intentado lamerle o jugar con él. Permanecía sentada sobre sus cuartos traseros, mirándole de una manera que el mago no podía descifrar.
¿No vas a decirme nada? Pues al parecer no. Tengo que hablar yo, supongo, ¿es así? ensayó, pero ninguna respuesta. Se lanzó. Fui tu último caballero, pero ya no lo soy. Hice cosas terribles, y en Djerra me esperan para ser juzgado, una vez aclaradas las acusaciones. No te culpo por ello. Nos diste el poder, no la voluntad del mal. Bueno, yo no fui tan malo, para qué vamos a cargar con culpas ajenas. Pero me entiendes, ¿verdad? Hiciste lo que creiste mejor para todos, supongo, y te equivocaste. Todos lo hemos hecho. Ahora, tendremos que arreglarlo, si podemos. Y si no, pues lo intentaremos, qué remedio. Pero elegiré mis propias armas.
No sabía cómo reaccionaría la perra. A fin de cuentas, quizá lo tomase como una traición; su último caballero desertando de la Orden de Caballería que ella había fundado, dándole parte de su poder, debilitándose a sí misma en el proceso, todo ello para opornerse a Demon, y ahora que por fin se habían reunido para actuar de manera conjunta, él se negaba a seguir el plan.
Si lo pensaba así, no lo manifestó. Se levantó despacio y se acercó al mismo ritmo, con la cabeza casi gacha y ruidos guturales muy bajitos.
Furívaz se agachó para recibirla.


El Hombre de los Zapatos Rotos departía tranquilamente con Nìreçaq, tras intercambiar unos saludos afectuosos con los pocos conocidos que allí tenían, todos ellos encontrados por los caminos recientemente, a excepción de Hadallúa, a la que recordaban de otros vagabundeos. Ambos se sentían animados por el hecho de que tanta gente se hubiera concentrado para enfrentarse al mal.
El último Cónclave de hechiceros al que asistí no salió muy bien rio ella, recordando Decamino1 y la presencia en él de Hadallúa. Esperemos que este salga mejor.
Yo nunca he estado en uno, demasiados poderosos enfatuados contestó el hombre, y ella le dio la razón. Pero esto es diferente.
Único, en realidad; hasta donde yo sé, el Archimago no abandonaba su plano desde que Demon fue expulsado de la Hermandad Sangrëi, y fuera de allí nunca se habían reunido tantos de ellos aportó Nìreçaq, indicando con un amplio gesto al propio Archimago, a Hadallúa, a Venus, a Mirabella y a Pavla.
El enemigo es temible, pero debemos caminar sentenció el hombre.


No habían venido todas, pues alguien debía estar vigilante por si Demon volvía a intentar algo. Así y todo, eran más de cien hechiceras en el recinto, aparte de los Sangrëi. Dispusieron un sistema de enlaces con Gea y Terra por si había noticias urgentes.
Habían redefinido el espacio en el que se reunirían en un gran círculo, de modo que todas pudieran verse bien las caras, así que ya no había excusas para retrasar más el comienzo.
Sé que Hadallúa ya os ha relatado el origen de Demon Torithánatos y sus acciones posteriores. También todas habéis visto, algunas en primera persona, de lo que es capaz. Por todo ello, no creo que tenga que encareceros el peligro que significa. El Archimago abrió el Cónclave sin elevar la voz, la postura tranquila, sentado entre todas como uno más. Una vez lo contuvimos, pero el precio fue muy alto. Una CM completa condenada. Seis mil planos asolados por completo. Ahora, debemos confesarlo, no sabemos qué hacer. Por eso estamos aquí. Dentro de nuestra Hermandad las posturas están encontradas, aunque el pesimismo predomina. Queremos escucharos, queremos saber lo que vosotras, criaturas del Multiverso, podéis aportar a este enfrentamiento.
No fue el comienzo que esperaban. Desde luego no la mayoría.
¿Es que no tenéis poder para detenerlo? Ha huido dos veces ante Venus, debilitada y todo, y una vez más ante Halladúa, en Terra. ¿Decis que los ochenta Sangrëi no podéis enfrentaros a uno solo? Txutxi tomó la palabra el primero, visiblemente contenido.
Lejos de apaciguarlo, Furívaz echó leña al fuego.
Durante miles de años, o lo que sea, habéis estado esperando este momento, sabíais que Demon andaba de aquí para allá, y no habéis hecho nada para detenerlo, ni siquiera para enfrentarlo. Lo siento, pero no me creo que lo que nos habéis contado sea todo acusó, casi con una sonrisa peligrosa. Yo también he visto morir a mis hermanos, los Caballeros de la Orden de las Águilas Blancas, los guerreros más poderosos del Multiverso, y algunos murieron entre mis manos, y otros por mis manos, y yo también huí de la matanza. ¿De qué estáis escapando vosotros? ¿Qué es lo que no contáis?
Si nadie había esperado las palabras del Archimago, aquel ataque repentino de Furívaz les hizo contener la respiración. Todas las miradas se concentraron en el Sangrëi.
No perdió la calma. Su voz no se alteró. Su barba no tembló.
No os hemos ocultado nada, al menos voluntariamente. La Hermandad Sangrëi se debilitó tras la expulsión y aislamiento de Demon, y muchos decidieron seguir su vida por su cuenta, lo cual fue un error. Ahora demasiados han muerto, asesinados. Entre los vivos hay quien aboga por seguir intentando ocultarse; otros, demasiado apegados a sus propios planos como para abandonarlos, desearían que Demon vaya a ellos para enfrentarle. Algunos han enloquecido, y la comunicación con ellos es imposible; Mirabella y Pavla parecen tener problemas para recordar su identidad, pero al menos son conscientes del peligro, seguramente por haber sido atacadas. Entended, por favor, y es muy doloroso para nosotros, que aquellos que han enloquecido no solo no recuerdan quiénes son, sino que ya se han mimetizado de tal manera con sus planos, que no podrían recordarlo. Requieren protección por nuestra parte, más que servirnos de ayuda. Y ya está. El resto somos los once que nunca nos hemos separado, más Venus.
Quizá lo que más les llegó fue la objetividad de los datos, más incluso que el reconocimiento del dolor. Ni siquiera Txutxi quiso romper el silencio en aquel instante.
Y sin embargo tenemos que hacer algo retomó entonces Hadallúa. No es voluntario. Es necesidad. Demon pretende el fin de las estructuras, y con él el fin de la vida. No os he reunido aquí solo porque fuese posible estar todas juntas. Mirad a vuestro alrededor. La vida, tal y como la conocemos, ha sido destruida. No queda nada, ni siquiera la posibilidad de una evolución posterior. Es a esto a lo que nos enfrentamos. Esto lo que ha hecho cuando ha podido. En Djerra, en Dera, en Geia, no tuvo tiempo. En los otros veinticuatro planos sí.
¿Y a qué esperamos? volvió a intervenir Txutxi, apenas contenido.
Antes tendríamos que saber cuáles son los posibles escenarios, ¿no? Cuál es nuestra fuerza, si no sabemos quiénes somos, no hacemos nada repuso Carlgundo.
Es importante saber también a qué nos enfrentamos exactamente recondujo Argentelio. Vamos a ver, Hadallúa nos ha mostrado las intenciones, y eso es incuestionable, pero necesitamos saber también algo sobre cómo lo puede conseguir concretó. Si no le ha dado tiempo, por qué no le dio tiempo; si es que fallaron sus cálculos, también por qué; si fue temor ante otros Sangrëi, quiénes y por qué. Además, hemos visto sus métodos, pero ¿esos son todos? ¿Podemos atajarlos? ¿Podrían los Sangrëi reaccionar ante otro tipo de ataque?
Pienso que todo esto conduce a una pregunta obvia reformuló Emam A. ¿Sería posible entrar en los planos Antagónicos y ver qué nos espera? No estoy sugiriendo un ataque, eso sería una locura, porque hay seis mil planos y no sabemos por donde empezar...
El bufido de Txutxi fue perfectamente audible.
Déjala terminar, anda apaciguó Khristphunch, y el joven bajó la cabeza resignado.
...sugiero más bien la posibilidad de espionaje. Si Demon puede salir de allí a voluntad, ¿los Sangrëi no pueden entrar? finalizó por fin.
El ladrido de Venus rompió el breve silencio que había subrayado la pregunta. Hadallúa tomó la iniciativa de una respuesta más clara.
Podríamos, y con nosotros, vosotros también, pero...
No necesitó terminar la frase, porque el miedo que acababa de aflorar a sus ojos fue suficientemente elocuente. Incluso el gato sobre su cabeza se revolvió inquieto.
Pero no lo vais a hacer concluyó Furívaz. Pero ya estaba lanzado. Se había levantado de su saco de dormir. Se había duchado. Se había afeitado. Había comprado frutos secos y dátiles por kilos. Había acudido, en fin, a la llamada de la lucha. Y ahora no iba a detenerse. ¿Venus?
La perra se lanzó desde su silla y corrió a su encuentro, emitiendo ladridos de felicidad.
El Archimago la miró con gesto hierático.
Una docena de hechiceras de cuatro mundos, un viajero y dos Sangrëi se levantaron a su vez.
Es una locura manifestó Hadallúa. Nos va a descubrir añadió, levantándose solo un momento después.


Por primera vez se levantó el Archimago. No necesitó pronunciar una sola palabra para que todas volvieran a su sitio. Les dio tiempo suficiente para ello, antes de comenzar a hablar.
Reconozco vuestro valor. Quizá de entre los once de la Hermandad que habitamos en la Escuela de Alta Magia, solo Hadallúa se atrevería a viajar a los planos de Demon. O quizá vuestro ejemplo insufle la chispa perdida a todos los demás. No lo sé. Sí sé que no es necesario sentenció, y volvió a tomar asiento. ¿Qué encontraríamos allí? Mucho de lo esperado. Muertos redivivos, ejércitos de ellos. Demonios. Especies crueles que ya conocemos porque también habitan nuestros planos, u otras muy parecidas. Esclavos de nuestras CM, escogidos por su crueldad o modificados mediante torturas inenarrables para ejercer daño sin conciencia. Todo eso estará allí, lo sabemos, y en cantidades que nos aterrorizarían. No voy a preguntaros si merece la pena arriesgar vuestras vidas para encontrar eso, porque la respuesta es no.
"Es más interesante lo que no esperamos. Pero ¿podríamos reconocerlo? ¿Reconoceríamos como un ejército las piedras que pisamos, el aire que respiramos, el espacio por el que nos movemos? Demon ha modificado los parámetros de la Vida y la Muerte para detener el tiempo. En último término eso es lo que quiere. No es nada nuevo. La vida nos asusta y deseamos detenerla y convertirla en fotografía que podamos mirar y manosear a nuestro antojo sin peligro de que nos sobrepase. No nos engañemos, Demon es un niño. Un niño de miles de años, pero con el poder que ningún niño tendrá jamás, y es que él puede conseguir lo que desea.
"No soy quién para deciros lo que debéis hacer, pero ¿merece la pena arriesgar vuestras vidas para asomaros a lo incomprensible? Mi respuesta sigue siendo no.
Cualquiera entre las que se habían levantado hubiera deseado argumentar contra las palabras del Archimago, pero la realidad era que tenía razón. Quizá el miedo había justificado aquel razonamiento, pero el razonamiento seguía siendo válido, proviniendo de quien más conocía a Demon Torithánatos. Las hechiceras esperaban que las Sangrëi retomaran la iniciativa, pero incluso Venus permaneció parada, las orejas gachas y la mirada triste.
Ojalá estuviera Kush aquí. Ella por lo menos sabría cómo vérselas con un niño bromeó Furívaz.
Mira sonrió, y lo mismo hizo Armoj.
¡No me jodas, aquí parados por un crío! fue el exabrupto de Argentelio, y de pronto la risa fue ganando adeptos, extendiéndose nerviosamente en ondas cada vez más amplias hasta que las cien hechiceras se unieron en unas carcajadas corales que dieron una extraña vida a aquel mundo muerto.


Entonces, ¿qué? planteó Carlgundo, cuando el ataque pasó y todas estaban más relajadas.
Demon debe de tener ejércitos en cada plano de su CM, de modo que puede saltar directamente a cualquier plano de cualquiera de nuestras CM en cualquier momento, pero solo puede hacerlo desde un plano cada vez. Miles de puertas en ese plano, eso sí, pero solo desde un plano acentuó Hadallúa.
Pero no entiendo nada... intervino Thieg, dirigiéndose al Archimago. Es decir, todo el rato habéis dicho que cerrasteis el acceso a la CM de Demon, que lo aislasteis allí, y ahora de repente es Judini, no solo puede escapar de cualquier sitio sino que puede aparecer con ejércitos enteros donde le dé la gana. A mí todo eso me genera un problema para entenderlo.
Tienes razón, pero todo está relacionado asintió el Archimago, por primera vez cariacontecido. Las ciento cinco fuerzas, unidas, generan la gran fuerza originaria, todopoderosa. Cuando aislamos a Demon, ciento cuatro de esas fuerzas lo hicieron, lo que constituyó una cadena casi inexpugnable, pero ahí el casi es importante, porque llanamente significa que no es inexpugnable. Una fuerza pequeña, al cabo del tiempo, luchando contra el resto, debía poder encontrar un hueco.
¡Joer, un hueco!
Debeis entender que al principio la Hermandad revisaba y renovaba las ataduras, pero con el tiempo... Primero nos debilitamos, algunas fuerzas dejaron de sumar. Tratamos de ser lo suficientemente fuertes como para que no consiguiera escapar, pero cuando al fin lo hizo... comenzó.
Mirabella cerró la explicación.
Cuando al fin lo hizo, pudo realizar razzias y coger esclavos, hiéndoles pasar a sus planos, aunque la salida aún estaba vedada para ellos. Atacó Djerra con su sola presencia. Después Dera, donde se hizo con mi sangre. A partir de ahí, la magia de sangre le abrió el camino para abrir los portales de los planos Antagónicos y atacar con sus tropas. Cuando asesinó a los miembros de la Hermandad, las ataduras se rompieron por completo.
¿Y no podéis volver a hacer una cadena de esas entre los que quedáis? sugirió Khrist, pregunta que debían de estar todas haciéndose, a juzgar por el momento de expectación que se creó.
El Archimago volvió a tomar la palabra.
Podríamos unir de nuevo varias de las fuerzas, pero nunca resultaría un poder tan firme ni duradero como aquel.
Sí, podríamos, pero para eso tendríamos que cercarle en su propia CM añadió Hadallúa. Podemos intentarlo, sin duda, pero le resultará fácil escapar; mientras cerramos su CM, él puede estar atacando otro plano.
Puede atacar donde y cuando quiera corroboró Mirabella.
Y sabemos que lo va a hacer, al respecto no podemos engañarnos aseguró Armoj. La defensa debemos anticipar.
¿Sugieres que creemos una especie de red de alarma que pueda actuar de inmediato en cualquier punto del Multiverso? creyó intuir Khristphunch. Yo creo que es mejor centrarnos en los planos donde hay Sangrëi, ¿no? No va a atacar, yo qué sé, cualquier plano...
Mirabella asintió.
Es verdad que no sabemos dónde va a atacar, pero hasta ahora se ha centrado en los planos que pueden destruir las estructuras manifestó. Estoy con Khrist.
¿Y si no lo hace? ¿Y si ataca cualquier otro plano? ¿Y si mientras protegemos a los Sangrëi, Demon se dedica a destruir planos, pues sí, al azar? ¿Los dejamos morir y esperamos a que se decida a respetar nuestros planes? se enfadó Txutxi.
Entiendo tu impotencia, pero entiende tú que a los planos Antagónicos solo podríamos pasar, en el mejor de los casos, unas quince personas o grupos a la vez; solo los Sangrëi pueden franquear esas puertas explicó Carlgundo. Son seis mil planos los que tiene a su disposición. Contéstame, pero piénsalo, ¿crees que tenemos posibilidades?
Pues sí desafió, pero la convicción había desaparecido de su actitud.
Vale, tío se desesperó el maduro geano.
Argentelio recuperó el turno de palabra.
Pienso que podemos hacer algo más que quedarnos vigilando los planos Sangrëi, porque supongo que vosotros ya disponéis de modos casi directos de comunicación dijo dirigiéndose al Archimago.
Este asintió gravemente.
Podemos sentir a Demon tan pronto abandona su CM, aunque no precisar su localización exacta. Pero si se encuentra en un plano de nuestras Hermanas y Hermanos, y estos nos llaman, lo sabremos de inmediato manifestó.
¿Quieres decir que ninguno os llamó cuando les atacaron? se asombró Lùar.
Venus gañó con fuerza.
Ni siquiera Venus compartió esa información de inmediato certificó Hadallúa.
Es mal.
Entonces eso está cubierto si conseguís convencerles de que os llamen, y si no... Argentelio hizo un gesto muy elocuente. Si no querían participar, era su problema.
El Archimago negó con la cabeza.
Vamos a suponer que de vigilar los planos Sangrëi nos encargamos nosotros, y que podemos acudir en su ayuda con la rapidez suficiente. Entonces, según tu propuesta, Demon sería derrotado con facilidad, ¿no es así?
Ahora llegó el turno de Argentelio para sorprenderse.
Pensaba que si lo teníais delante podríais derrotarlo entre varios declaró.
El Archimago reprodujo el gesto anterior.
Podríamos salvar el plano, o al menos una parte, pero Demon huiría. También él nos percibe a nosotros, y no es tan tonto como para enfrentarnos a varios a la vez.
Argentelio asintió.
Vale... vale, pues entonces no sigo.
Pero sí, podemos estar allí unas cuantas hechiceras, unas pocas en cada plano Sangrëi, y pillarle desprevenido sugirió Khristphunch.
Hadallúa la miró con cierta ternura.
Ni todas las hechiceras juntas de esta sala podríais nada contra él aseguró. Teneis que entenderlo. Jamás intentéis enfrentarlo. El poder que corre por sus venas es una de las fuentes de la magia, superior a todas las hechiceras juntas de una CM. Ese es su poder.
Y el vuestro adujo Furívaz.
Y el nuestro confirmó la hechicera. Venus, Mirabella y Pavla lo tuvieron también, pero el que conservan es, para el caso, igual de enorme. Ellas podrían enfrentarlo, si permanecen juntas, porque Pavla podría potenciar el de las otras hasta superar incluso el de Demon.
Sinceramente, entonces no entiendo qué hacemos aquí intervino por primera vez Asamaie La Bella. Desde que ha comenzado el Cónclave, he estado escuchando, me he levantado para ir en busca de Demon, me he vuelto a sentar y ahora me decís que no puedo hacer nada. Se echó a reír, con la barbilla un poco levantada, pero había poco humor en su risa. ¿Para qué nos habéis convocado? Ja, esto parece un juego de dioses, y no nos habéis dado una sola pista que nos haga pensar que esos dioses tienen alguna debilidad. En serio, ¿qué pretendeis con todo esto?
Estoy con Asamaie secundó L'ydi. Se había colado en el Cónclave porque alguien había informado a la CH de los avances portentosos que habían realizado ella y Thieg en su magia dual, pero al parecer se habían olvidado de su presencia. ¿Cómo que no podemos hacer nada? Vale que Pavla tendrá más poder que nadie en Geia, pero ¿no pueden los geianos amplificar la magia de los hechiceros? ¿No podrían llegar a ser como Demon? Thieg y yo hemos avanzado un montón, y eso que yo no soy más que una aprendiz.
Hadallúa se quedó observando largamente a la pequeña adolescente.
Desde luego, esto hay que investigarlo más a fondo aseveró. ¿Y cuántos geianos decís que han sobrevivido?
1Es el pueblo donde transcurre "Cónclave", el relato de Jomra y Glorika Adrowicz, (BNQ)


 Prólogo
Capítulo I 

Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII 
Capítulo IX 
Capítulo X